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Cogí el teléfono y llamé a mi amiga Daniela. Me contestó un tipo
malhumorado
diciendo:
- "¿Hola?"
- "Soy Francisco, ¿podría hablar con Daniela , por
favor?" - le dije amablemente.
De repente sentí que me colgaba el teléfono. No podía creer que
existiera
alguien tan grosero. Después de esto, volví a buscar en mi directorio
telefónico el número de Andrea por si me había equivocado al marcar.
Efectivamente, el error era que ella había traspuesto los dos últimos
dígitos de su número. Después de hablar con Daniela, observé ese número erróneo todavía sobre mi escritorio.
Decidí llamar de nuevo al pendejo aquel. Cuando la misma persona descolgó
no
esperé a que contestase y le dije:
- Eres un “Hijo de puta” - y colgué rápidamente.
Inmediatamente escribí junto a su número telefónico la palabra
"Hijo de puta" y
lo dejé en mi directorio telefónico.
Cada par de semanas, cuando yo estaba haciendo tareas o con un mal
día, lo
llamaba, él contestaba y yo le decía "Eres un Hijo de puta". Esto me
servía de
terapia contra el estrés y me hacía sentir realmente mucho mejor.
Unos meses después, la compañía de teléfonos introdujo el servicio de
identificación de llamadas, lo cual me entristeció porque tuve que
dejar de
llamar al "Hijo de puta". Entonces, un día tuve una idea: marqué su número
telefónico, escuché su voz diciendo: "¿Hola?" y me cambié de identidad:
- "Hola, le llamo del departamento de ventas de la compañía de
teléfonos para ver si conoce el servicio de identificador de
llamadas".
- "¡No!"
Y me colgó el teléfono, como de costumbre. Rápidamente lo llamé de nuevo y le dije:
- "Eso es porque eres un Hijo de puta".
La razón por la cual les cuento esta historia, es para mostrarles que
si hay
algo que realmente molesta, siempre se puede hacer algo al respecto:
Sencillamente, marque el (33) 3 40 XX
(Sigue leyendo, esto se pone mejor . . .)
La anciana se estaba tomando mucho tiempo para sacar el coche de su
lugar en
el estacionamiento de soriana. Incluso llegué a pensar que nunca se iría.
Finalmente su coche empezó a moverse y a salir muy lentamente. Dadas
las
circunstancias, decidí dar marcha atrás un poco para darle a la
anciana todo
el espacio que necesitase:
"¡Grandioso!", pensé, "finalmente se va..."
Inmediatamente, apareció una lobo negra en sentido contrario y se
abalanzó
sobre el hueco que había dejado la anciana y por el que yo estaba
esperando.
Comencé a tocar la bocina y a gritar: "¡No puede hacer eso!¡Yo estaba
aquí
primero!". El tipo del Ford simplemente se bajó, cerró el coche y se
fue
hacia el centro comercial ignorándome como si ni siquiera me hubiera escuchado. Ante su actitud pensé: "Este tipo es un Hijo de puta, con toda seguridad hay una gran cantidad de hijoputas en el mundo . . .".
Fue entonces cuando vi un letrero de "SE VENDE" en la ventana trasera de
su
Ford. Entonces anoté su número telefónico y me fui a buscar otro
lugar.
Un par de días después, estaba sentado en mi escritorio en casa y
acababa de
soltar el teléfono después de mi terapia marcando el (33) 3 40 XX (diciendo
"Eres un Hijo de puta"), cuando vi el número del tipo del Ford negro y
pensé:
"Debería llamar también a este otro "hijoputa". Después de un par de timbradas, alguien contestó y dijo:
- "¿Hola?".
- "¿Hablo con el señor del Ford negro para la venta?" - le pregunté yo.
- "Sí, habla Ud. con él" - dijo.
- "¿Podría decirme dónde puedo ver el coche?"
- "Sí, por supuesto. Vivo en la Calle Condor, esquina con la calle flamenco, es una casa amarilla y el coche esta estacionado enfrente de ella".
- "¿Cuál es su nombre?" - le pregunté.
- "Mi nombre es Eduardo Pérez" - me contestó.
- "¿Qué hora sería apropiada para encontrarme con usted, Eduardo?"
- le pregunté.
- "Me puede encontrar en casa por las noches".
- "Escuche Eduardo, ¿puedo decirle algo?"
- "Sí, claro" - me respondió.
- ¡Eduardo, eres un Hijo de puta del carajo!!" - y le colgué el telefono.
Después de colgarle, incluí el teléfono de Eduardo Pérez en el directorio telefonico. Por un momento las cosas parecían estar saliendo muy bien para mí.
Pero ahora tenía un problemilla: tenía dos "hijos deputa" para llamar.
Después de varios meses de llamar al par de "hijos de puta" y colgarles, la cosa ya no era tan divertida como antes. Este problema me pareció muy serio y pensé en una solución. En primer lugar, llamé al "Hijo de puta 1". Un tipo grosero me contestó: "¿Hola?", y entonces yo le dije:
- "Hola Hijoputa", pero no colgué. Entonces, el Hijoputa me dijo:
- "¿Estás ahí?".
- "Síííííííííí" - le dije yo.
- "Deja ya de llamarme" - me dijo.
- "Nooooooooo".
- "A ver, ¿cuál es tu nombre, desgraciado?" - me preguntó.
- "Eduardo Pérez".
- "¿Y dónde vives?" - volvió a preguntarme.
- "En la Calle Condor, esquina con la calle Flamenco, es una casa amarilla y tengo mi coche, un Ford lobo negro, estacionado enfrente de ella" -
le dije.
- "Voy para allí ahora mismo, Eduardo. ¡Tú sí que eres un
hijo de puta!¡Ya puedes ir rezando lo que sepas, pinche cabrón!”
- “¡¡Uuuuuf!! ¿¿sí?? ¡¡Qué miedo me das, Hijo de puta!!” -
y le colgué el teléfono.
Inmediatamente después, llamé al "Hijoputa 2". El tipo contestó:
- "¿Hola?"
- "¡Hola Hijoputa!" - le saludé.
- "Si te llego a encontrar, eres un ..." - me dijo.
- "¿Y tú qué, hijoputa?"
- "¡Te voy a patear las tripas!".
- "¿Síííí? Bueno, esta es tu gran oportunidad. Voy para tu
casa,¡Hijoputa!" - y le colgué.
Finalmente, tomé el teléfono y llamé a la policía. Les dije que estaba
en la
Calle Condor, esquina con la calle Flamenco y que iba a matar a mi novio homosexual tan pronto como llegara a la casa. Luego hice otra llamada
rápida
a "el noticiero de manzanillo" para avisarles de que iba a comenzar una guerra de pandillas en la Calle Condor, esquina con la calle Flamenco (me mandaron al carajo).
Después de hacer esto, sali corriendo apurado por llegar al lugar para ver el espectáculo.
¡¡¡Fue glorioso!!! ¡¡¡Observar a un par de hijos de puta golpeandose delante de 2 camionetas de policia!!
¡¡¡Fue una de las mejores experiencias de mi vida!!!